septiembre 22, 2007

Negocios: ¿deporte o la vida misma?

A pesar de que hoy los principales deportes son grandes negocios, los negocios no son un deporte y nunca lo han sido.

Más aún, pensar en los negocios como en una especie de juego o deporte ha sido siempre una forma simplista de concebirlos.

Hoy en día, además, es peligroso hacerlo.

Un juego tiene una duración limitada y se desarrolla en un sitio prefijado y definido.


Está gobernado por reglas predeterminadas que son aplicadas por profesionales neutrales y los practican equipos (más o menos equilibrados) de uno o más miembros, que son aconsejados y dirigidos durante todo el juego por personas con suficiente experiencia.

Las puntuaciones absolutas se registran y al final de cada partido se proclama un ganador absoluto. Si existe alguien que pueda decir que su empresa tiene una duración limitada, que opera en un sitio fijo, que está gobernada por reglas que son impuestas por profesionales neutrales, que sólo compiten con otras empresas que son más o menos iguales a ella y que se pueden identificar en términos absolutos los ganadores y perdedores, entonces esa persona es extraordinariamente afortunada... o está seriamente desequilibrada!

Los riesgos de pensar los negocios en términos deportivos son numerosos.

En primer lugar, medir a una empresa en función de ganadores y perdedores implica que no se comprende el propósito de la empresa en particular, ni la naturaleza de los negocios.
Ninguna empresa, ya sea que venda seguros o fabrique automóviles, puede o debería ser diseñada para ganar.

Por el contrario, debe ser diseñada para crecer, tanto cuantitativa como cualitativamente.
En este sentido, compite más consigo misma que con sus competidores.

Esto no quiere decir que en los enfrentamientos "cabeza a cabeza" no existan ganadores y perdedores, como cuando dos agencias publicitarias compiten por una misma cuenta.

Quiere decir, parafraseando a Vince Lombardi, que ganar no lo es todo, es sólo una de las tantas cosas que una empresa puede lograr.

Así, una empresa que sólo ha sido diseñada para vencer por knock-out, muy probablemente terminará perdiendo en el largo plazo. Segundo, en las empresas es peligroso pensar en términos de límites, reglas y resultados absolutos.

Los atletas compiten durante una cantidad de horas establecidas, en un número dado de partidos, durante un determinado período de semanas o meses.

Las empresas existen para durar décadas, a veces siglos.

A pesar de que la acción puede acelerarse o ralentarse, nunca se detiene.

No admite tiempos de descanso y mucho menos puede establecerse con nitidez un principio y un final.

Los atletas practican en un entorno estático: el tamaño del campo, la duración de los partidos, incluso la vestimenta de los jugadores es la misma durante meses y años.

Las empresas operan en un universo dinámico y volátil, que cambia de un momento a otro y que difícilmente se repite.

Un entorno que se ve afectado por las sequías que se producen al otro lado del mundo, por el nuevo artilugio que surge de repente, por las actitudes y necesidades de los consumidores; etc... es decir, por millones de cosas.

Considerando este contexto tan variopinto y cambiante, cualquier empresa que considere su negocio como un juego deportivo y confíe en cosas absolutas, muy pronto estará fuera del negocio o (utilizando su propio nivel de pensamiento) "fuera del juego". Con toda claridad, entonces, existen más diferencias que semejanzas entre los deportes y los negocios. Pero el verdadero peligro de este paradigma no radica en que existan severas diferencias en la comparación, sino que es, en sí mismo, un mal ejemplo.

Las empresas mejor gestionadas y de mayor éxito no piensan en términos de victorias y fracasos, momentos de gloria y salvarse a última hora.

No cuentan con reglas o árbitros.

Por el contrario, piensan en otros términos para mantenerse poderosas, dedicadas a la calidad y sostener un esfuerzo que no tiene fin, orientado a hacer mejor lo que hacen.

Conciben el cambio como su única constante y cuentan con su propia habilidad para adaptarse al mundo, en vez de esperar que el mundo se adapte a ellas.

La verdad, es que no existe paradigma alguno que funcione para las empresas o los negocios, excepto el que ellas mismas puedan crear.

Como un partido bien jugado, una empresa exitosa es digna de admiración... Pero, contrariamente a un gran partido, una empresa no es tan divertida y es más bien como la vida misma: compleja, difícil, susceptible de provocar tanto el éxito como el fracaso, a veces sin reglas, siempre desafiante y con bastante frecuencia digna de disfrutarse.


"Ser natural es la más difícil de las poses"

No hay comentarios: