Hay que levantar este día sobre una base de pensamientos agradables. Uno no debe preocuparse nunca por ninguna imperfección que uno tema que pueda impedir su progreso. Hay que recordar, tan seguido como sea necesario que uno es hijo de Dios y que tiene el poder de alcanzar cualquier sueño si eleva sus pensamientos. Es posible velar cuando uno decide que puede hacerlo. No hay que volver a considerarse derrotado. Hay que dejar que lo que el corazón ambiciona sea el proyecto de la propia vida. ¡Hay que sonreír!
Desde el principio de los tiempos, los hombres sabios nos han estado diciendo que todo lo que logramos, o no logramos, es consecuencia directa de lo que esperamos de nuestras capacidades, nuestro valor y nuestro potencial.
James Allen nos dijo que los pensamientos dan buenos frutos y los malos pensamientos dan malos frutos.
Marco Aurelio, ese sabio emperador y filósofo de la antigua Roma, nos dijo que nuestra vida es lo que de ella hacen nuestros pensamientos. Buena o mala. Desdichada o feliz. Triunfante o desesperada.
Buda lo dijo de una manera todavía más enérgica: 'Todo lo que conocemos es consecuencia de lo que hemos pensado. La mente es todo. Nos convertiremos en lo que pensamos."
No importa como se quiera llamarlo, los pensamientos positivos son productivos, los pensamientos negativos estorban y destruyen.
Si uno les cree a esos hombres tan sabios, sabe que si uno se humilla a sí mismo y menosprecia su talento, está condenado al fracaso. Cuando uno menosprecia su capacidad, sus antecedentes o sus conocimientos, al poco tiempo el mundo estará de acuerdo con esa evaluación y enfrentará un triste futuro que no se merece. ¡Basta! Ya no más actitudes negativas en la manera de pensar o de actuar. Escúcheme bien, amigo lector. ¡Usted simplemente no sabe lo bueno que es!
Og Mandino
enero 26, 2008
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